viernes, 6 de abril de 2012

Remember Fujimori/ Carlos Reyna


Hay quienes caen en eufemismos al referirse al régimen político que encabezó Alberto Fujimori. Le llaman autoritarismo competitivo, democracia delegativa o régimen autoritario a secas.

En verdad puede decirse que el régimen de Fujimori fue cambiando de naturaleza. Comenzó como una democracia representativa convencional, pero a partir del golpe del 5 de abril de 1992 se fue convirtiendo en una dictadura mafiosa.

Dictadura porque acabó concentrando en manos del gobernante el control de todos los poderes del Estado, incluidas las fuerzas armadas. Mafiosa, porque su principal instrumento de poder terminó siendo una red criminal encubierta, operada por  Montesinos pero bien provista de recursos y discretamente liderada por Alberto Fujimori.

Como bien se sabe, este régimen cayó por efecto de tres factores sucesivos. Uno: la economía muy abierta que había establecido entró en una fase de decaimiento al no responder a un contexto económico internacional adverso. Dos: una mitad del país lo repudiaba activamente, tanto por las dificultades económicas como por las grotescas maniobras reeleccionistas.  Y tres: el gran escándalo derivado de la difusión masiva de los vladivideos.

Los dos primeros factores hicieron que el tercer gobierno de Fujimori comenzara fuertemente erosionado y resquebrajado. Es cierto que tuvo cerca de la mitad de los votos válidos en las elecciones de ese año. Pero era un apoyo seducido por el clientelismo y nada dispuesto a defenderlo activamente. En cambio la mitad opositora era de elevada intensidad. Su acto de demostración, la marcha de los Cuatro Suyos, hizo que mientras Fujimori juraba en el Congreso, o era bendecido por Cipriani en el Te Deum, las masas opositoras disputaran con la policía el centro de Lima.

La imagen de fuerte rechazo popular hizo que ese tercer gobierno comenzara altamente vulnerable frente a cualquier elemento adverso posterior. Y los que se le cruzaron fueron los vladivideos, el escándalo que le hizo perder aliados, le partió sus propias filas, lo obligó a escenificar una ruptura con Montesinos, a anunciar que dejaba el gobierno y finalmente a huir vergonzosamente del país.

Hubo grandes capitalistas, banqueros o mineros, que apoyaron abiertamente al dictador a cambio de medidas económicas o fallos judiciales que los beneficiaran. Empresarios de medios que vendieron su línea a cambio de costalillos de dólares. Políticos que vendieron su credo por precios más baratos. Generales de las FFAA y Jueces Supremos que doblaron sus rodillas a cambio de ascensos o de sobornos.

Hoy en día muchos de estos personajes, blanqueados por el tiempo, circulan como figuras respetables. El fujimorismo es la segunda bancada en el Congreso. Tenemos, pues, una democracia con sus propias distorsiones y vulnerabilidades.

Pero el ex dictador, su asesor, más algunos otros de sus cómplices también presos o todavía prófugos, recordarán que las dictaduras no pagan. No siempre por lo menos.

Tomado del Diario La República



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